Yoga, meditación y alimentación infantil

Cuando cuidamos nuestro cuerpo y nuestra mente, todo se equilibra y nos apetece nutrirnos con calidad. Yoga, meditación y alimentación infantil. En esta frase hemos contenido las tres palabras que dan título también a este post.

Hablando desde mi propia experiencia, puedo decirles que en mi propio camino interior, lo primero que ansiaba era un poco de paz. Es algo que me gusta puntualizar porque no significa que mis palabras tengan que sentar cátedra ni mucho menos. Hace más de 15 años que inicié este camino. Me encontraba entonces inmersa en un mundo totalmente estresante. He de decir que continúo en él, pero mi manera de sobrellevarlo ahora es totalmente contraria a como lo llevaba anteriormente.

Mis inicios

Pues bien, me adentré en el yoga buscando un poco de paz interior y de equilibrio. Poco a poco fui encontrando diferentes ramas del yoga. Empecé a probarlas hasta que me decanté por una que se acercaba más a mi forma de ser activa.

A los dos meses de práctica algo empezó a cambiar radicalmente en mí. Es algo que no puedo explicar bien con palabras, pero la calma fue instalándose en mi hogar interior, y por ende, exterior. El tipo de yoga que practico me gusta entenderlo como una meditación en movimiento y sincronía con mi propia respiración. Además, la comparto con mi entorno, me encuentre en compañía o en soledad.

Paralelamente a todo esto crecía mi interés por el autocuidado y por temas trascendentes del ser humano. Quería nutrirme por dentro y por fuera.

Todo ello me llevó a formarme como dietista, un paso más hacia seguir sanándome.
Pero ahora lo hacía desde la alimentación. Convertir todo en un camino que me llena mucho más que el alopático o el holístico, pero siempre desde la veracidad de la demostración científica.

¿Se puede unir el yoga, la meditación y la alimentación infantil?

Y es entonces cuando empecé a descubrir la aparentemente inexistente relación entre todos estos temas, yoga, meditación y la alimentación infantil con la educación infantil. Y es que soy maestra, pero además música de profesión y docente.

Pero sí que están relacionados, y mucho.

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Si somos capaces de educar a nuestros/as hijos/as en una relación sana con ellos/ellas mismos/as, ese equilibrio interior estará en consonancia con la alimentación. Y seremos capaces de discernir entre lo que nos conviene y lo que no. Formaremos seres críticos que deseen un futuro mejor, de acuerdo con ellos mismos y con la madre naturaleza.

Pero ¿cómo podemos empezar esta revolución que puede realmente cambiar el mundo?

Tener una relación sana con la comida

Cuando tenemos niños y niñas en casa es el mejor momento, sobre todo cuando se inician en la alimentación complementaria. Todos queremos dar la mejor alimentación a nuestros hijos e hijas. Y una buena forma de comenzar es a través del baby-lead- weaning. Mediante este tipo de introducción a la alimentación, tanto padres/madres como hijos/hijas, comemos juntos compartiendo mesa al mismo tiempo. Compartimos también la comida y un momento que debe ser para disfrute en familia. Aprendemos los adultos al mismo tiempo que los niños y las niñas. Y es que vemos cuán inteligentes son, haciendo caso a las señales de saciedad del propio cuerpo sin ninguna cortapisa.

Nos preocuparemos en saborear cada bocado, en masticar despacio, en estar presentes solo en ese momento, disfrutando de la presencia de la familia y de lo sabrosa de la comida que compartimos.

Compartir momentos y actividades

Si además somos capaces de compartir otros momentos a medida que los bebés van creciendo, ganaremos toda la familia en equilibrio y paz interior. Por ejemplo, que nos vean practicando yoga, invitándoles a hacerlo con nosotros desde que son bebés, enseñándoles ejercicios de respiración o meditaciones simples,

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Nadie dice que sea fácil encontrar momentos en los que todos coincidamos, pero poco a poco, a medida que vayan creciendo los críos y las crías veremos cómo cada vez nos resulta más sencillo. Créanme, es posible. Sólo hace falta constancia y fe, confianza en nosotros, y en consecuencia, en la naturaleza del ser humano.

Completemos nuestra disciplina con excursiones al campo donde veamos realmente de dónde proceden los alimentos. Y si podemos, vayamos a coger papas, naranjas, plantemos lechugas en casa, ordeñemos una vaca en un entorno ecológico, vayamos a los mercados desde que los pequeños nacen.

Aprovechemos al finalizar nuestra visita al campo o al mar para pararnos un momento, detenernos a agradecer a la naturaleza con unas cuantas inspiraciones y exhalaciones escuchando el viento que acaricia nuestras mejillas en silencio unos minutos. De esta forma estaremos en sintonía con la naturaleza y cerraremos el círculo.

Sé que todo esto parece idílico. Pero les digo como al principio de este post, me baso en mi propia experiencia, y cuando me centro en esa presencia en el aquí y ahora. Todo
cobra sentido y se recoloca de forma que busque cerrar el círculo de la forma descrita.

Mientras más veces lo intentemos, más empeño pongamos y nos lo tomemos como una disciplina necesaria, más veces lo lograremos y nos encontraremos mejor con nosotros mismos y con nuestra familia.


Autor: Silvia Castellano, Dietista (NºCOPTESSCV 1968) @mindfoodpeace /mindfoodpeace@gmail.com

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